Quién me hubiera dicho que alguna vez en mi vida iba a dedicarle unas líneas a estas "hojitas" que estuvieron tan presentes en mi infancia.
Mi madre, una adelantada total a su tiempo, las recolectaba en los bosques de Palermo (ciudad de Buenos Aires), tanto sus dentadas hojas, como posteriormente, sus flores. Estoy refiriéndome a finales de la década del sesenta, comienzos de los setenta. Las consumíamos en ensalada, como una suerte de "radicheta salvaje". Amarguísima, a mi hermana y a mí no nos gustaba para nada. Mi madre no se cansaba de repetir sus propiedades medicinales: desintoxicante del hígado, regenerador de las células hepáticas, purificador de estómago. regulador del jugo gástrico, combate el acné, etc.
Recuerdo que en una oportunidad me trajo raíces para que las procesara, uauh! Me parecía una locura astronómica. En fin...., los años fueron transcurriendo y con ellos fui incorporando, desde diversos espacios y formaciones, conocimientos donde volvía a manifestarse Su Señoría El diente de león.
La ocasión que más me impactó fue durante el desarrollo de mis estudios de Angelología (Ciencia Sagrada Cristiana Antigua), cuando se mencionó este ejemplar por su gran facultad transmutadora, utilizado en la Alquimia Sagrada y especialmente indicado para la protección y el acompañamiento de los Angelólogos. Lamentablemente esta información no llegué a compartirla con mi madre, pues hacía tiempo que había partido. Tengo mis serias dudas respecto a si habría acordado con ella.
Hoy, aquí ahora, desde mi autoría, elijo aquello que me resuena y tiene sentido en mi vida.
Agradezco el recorrido, lo heredado junto a mi búsqueda dentro del Camino; transitándolo sigo estableciendo conexiones, discerniendo, con Atención - Intención - para Compartir en Co-Creación.
Que esta Semilla de Luz germine en lo profundo de tu Vida


